1. Respecto a la crisis del Golfo, los europeos (Reino Unido aparte) han tenido y tienen una posición ambigua de mínimo apoyo a Estados Unidos y de presión en pro de una solución negociada del conflicto. No son conscientes de dos cosas: la primera es que tan sólo la caída del régimen de Sadam Husein puede constituir la verdadera solución de la crisis; la segunda es que la. ausencia de una presencia estratégica fuerte de la Comunidad regalará a Estados Unidos (a través de la oportunidad de una garantía militar exclusiva en Oriente Próximo) el poder para establecer el precio del petróleo y los tributos para garantizar la seguridad de los ciclos de producción. Según transcurra, la crisis del Golfo se traducirá en un coste para Europa, así como en un límite de su poder de influencia en el mundo árabe y en el Mediterráneo.

En particular, los europeos parecen no haber entendido que, al permitir que Estados Unidos maneje en solitario esta crisis, le han concedido al propio Estados Unidos la oportunidad de transformar su potencial estratégico no utilizado en un recurso económico capaz de sostener una estructura imperial que estaba entrando en crisis. Asimismo, y éste es el mayor de los errores, la CE ha mostrado al mundo y a los norteamericanos que los países europeos prefieren pagar antes que asumir el riesgo de una responsabilidad estratégica adecuada a su poder económico. Un error de este tipo puede tener consecuencias catastróficas de alcance global.

2. En noviembre-diciembre de 1990, los países de la CE cometieron un gran error de naturaleza política en relación a las negociaciones del GATT (Ronda de Uruguay). La exigencia de Estados Unidos consistía en la reducción progresiva del proteccionismo europeo en general y del agrícola en particular. En cambio, dicho proteccionismo se ha mantenido en pie.

Recordando que los países europeos se han desarrollado en buena parte gracias a la apertura del mercado interno norteamericano, no se acaba de entender por qué motivo ahora los europeos deban bloquear procesos de mercado útiles a países que podrían competir en Europa y que tienen necesidad de hacerlo para desarrollarse o para sanar crisis de sectores productivos específicos. La apertura de un mercado -es decir, la renuncia al proteccionismo- es la mejor solución de los problemas planteados por el propio mercado. Europa renuncia a esta ventaja para defender los intereses asistenciales de sus agricultores y de otros productores. Pero, al actuar así, aparta a los productores, a la vez que burocratiza el capitalismo en su propia casa.

En este caso, el error consiste en no saber comportarse en términos de potencia mundial del mercado (como Japón, por otra parte) y decidir temas vitales como éste a la luz de intereses de sectores minoritarios frente al interés global. Esto constituye una equivocación, ya que bloquea el desarrollo del mercado por parte de quien posee la capacidad objetiva de organizar un gran mercado. Errores en este plano -que es el estructural- se pagan muy caros.

3. La decisión de apoyar a Mijaíl Gorbachov es quizá el error que tendrá consecuencias negativas más inmediatas para los europeos. El grupo de Gorbachov ha intentado llevar a cabo una modernización general de la Unión Soviética con el objetivo de ejercer el papel de una superpotencia dotada incluso de una economía desarrollada. En otras palabras, la acción de Gorbachov era y es un intento de mantener a la URSS como una gran potencia mundial a pesar del desastre estructural de su sistema de organización socioeconómica.

De hecho, el énfasis en este objetivo (por otra parte ya definido por Yuri Andrópov, padrino político de Gorbachov, a principios de los años ochenta) ha generado una metodología del cambio basada en las prisas, en las ilusiones y en las transformaciones a ciegas. De hecho, la URSS no puede simultáneamente convertirse en una sociedad civil y seguir siendo una gran potencia. Perseguir este objetivo tan sólo puede desembocar en la catástrofe de la disolución del sistema o en una restauración autoritaria: ambos desenlaces son peligrosos para Europa en cuanto causa de migraciones, conflictos (complicados por la difusión de armas y centrales nucleares) y una prolongada inestabilidad general.

Aunque desagradable desde el punto de vista moral, la solución de este problema pasa por favorecer un recongelamiento parcial de la URSS de forma que, ralentizando los tiempos y los modos de los cambios, se obtenga una consolidación del sistema. La ayuda puesta a disposición de Gorbachov lo ha sido a fondo perdido (decenas de miles de millones de ecus en 1990) y ha provocado nuevos costes agravados para mayores riesgos. Centrar los recursos en una solución más equilibrada tendría un retorno mayor sobre el plano tanto de la seguridad como del mercado. Nuevos retrasos en la corrección de este error provocarían una crisis en todo el sistema europeo.

4. En cuanto a los países del Este (Hungría, Checoslovaquia y Polonia), la Comunidad ha cometido la equivocación de poner en práctica una política de ayudas fragmentadas sin ofrecerles una contribución de sistema.

El desarrollo en esta área -la democratización real- se habría acelerado considerablemente si la Comunidad le hubiera ofrecido a dichos países un plan de incorporación con vistas a 10 años, que contara con la ayuda de la propia Comunidad para la adecuación económica y de los procesos de organización social.

Esta garantía de un futuro cierto tendría un impacto enorme y positivo sobre la estabilización de un presente incierto. Serviría, entre otras cosas, para organizar mejor, y por tanto atraer en mayor medida, las inversiones extranjeras, así como para regular la forma ción de los nuevos sistemas políticos. La renuncia al pro pio poder de estabilización es un grave acto de incapacidad política por parte de la Comunidad que, si se mantiene, podría hacer mucho más costosa e incierta la estabilización del área oriental.

Estos errores son, en realidad, producto de una sola y gran equivocación: el proceso de construcción política de la Comunidad está orientado exclusivamente hacia adentro. Confiemos en que este fenómeno se deba tan sólo al hecho de que la Comunidad ha pasado en muy poco tiempo de una situación relativamente tranquila a una en la que parece encontrarse en el centro del planeta. Pero, precisamente por esto, debe abrirse en la prensa, en los hogares y en los escenarios políticos del continente renacido una discusión realista sobre cómo se gobierna el mundo.

es profesor de Escenarios Estratégicos en la Universidad Luiss de Roma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de enero de 1991

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1. Respecto a la crisis del Golfo, los europeos (Reino Unido aparte) han tenido y tienen una posición ambigua de mínimo apoyo a Estados Unidos y de presión en pro de una solución negociada del conflicto. No son conscientes de dos cosas: la primera es que tan sólo la caída del régimen de Sadam Husein puede constituir la verdadera solución de la crisis; la segunda es que la. ausencia de una presencia estratégica fuerte de la Comunidad regalará a Estados Unidos (a través de la oportunidad de una garantía militar exclusiva en Oriente Próximo) el poder para establecer el precio del petróleo y los tributos para garantizar la seguridad de los ciclos de producción. Según transcurra, la crisis del Golfo se traducirá en un coste para Europa, así como en un límite de su poder de influencia en el mundo árabe y en el Mediterráneo.

En particular, los europeos parecen no haber entendido que, al permitir que Estados Unidos maneje en solitario esta crisis, le han concedido al propio Estados Unidos la oportunidad de transformar su potencial estratégico no utilizado en un recurso económico capaz de sostener una estructura imperial que estaba entrando en crisis. Asimismo, y éste es el mayor de los errores, la CE ha mostrado al mundo y a los norteamericanos que los países europeos prefieren pagar antes que asumir el riesgo de una responsabilidad estratégica adecuada a su poder económico. Un error de este tipo puede tener consecuencias catastróficas de alcance global.

2. En noviembre-diciembre de 1990, los países de la CE cometieron un gran error de naturaleza política en relación a las negociaciones del GATT (Ronda de Uruguay). La exigencia de Estados Unidos consistía en la reducción progresiva del proteccionismo europeo en general y del agrícola en particular. En cambio, dicho proteccionismo se ha mantenido en pie.

Recordando que los países europeos se han desarrollado en buena parte gracias a la apertura del mercado interno norteamericano, no se acaba de entender por qué motivo ahora los europeos deban bloquear procesos de mercado útiles a países que podrían competir en Europa y que tienen necesidad de hacerlo para desarrollarse o para sanar crisis de sectores productivos específicos. La apertura de un mercado -es decir, la renuncia al proteccionismo- es la mejor solución de los problemas planteados por el propio mercado. Europa renuncia a esta ventaja para defender los intereses asistenciales de sus agricultores y de otros productores. Pero, al actuar así, aparta a los productores, a la vez que burocratiza el capitalismo en su propia casa.

En este caso, el error consiste en no saber comportarse en términos de potencia mundial del mercado (como Japón, por otra parte) y decidir temas vitales como éste a la luz de intereses de sectores minoritarios frente al interés global. Esto constituye una equivocación, ya que bloquea el desarrollo del mercado por parte de quien posee la capacidad objetiva de organizar un gran mercado. Errores en este plano -que es el estructural- se pagan muy caros.

3. La decisión de apoyar a Mijaíl Gorbachov es quizá el error que tendrá consecuencias negativas más inmediatas para los europeos. El grupo de Gorbachov ha intentado llevar a cabo una modernización general de la Unión Soviética con el objetivo de ejercer el papel de una superpotencia dotada incluso de una economía desarrollada. En otras palabras, la acción de Gorbachov era y es un intento de mantener a la URSS como una gran potencia mundial a pesar del desastre estructural de su sistema de organización socioeconómica.

De hecho, el énfasis en este objetivo (por otra parte ya definido por Yuri Andrópov, padrino político de Gorbachov, a principios de los años ochenta) ha generado una metodología del cambio basada en las prisas, en las ilusiones y en las transformaciones a ciegas. De hecho, la URSS no puede simultáneamente convertirse en una sociedad civil y seguir siendo una gran potencia. Perseguir este objetivo tan sólo puede desembocar en la catástrofe de la disolución del sistema o en una restauración autoritaria: ambos desenlaces son peligrosos para Europa en cuanto causa de migraciones, conflictos (complicados por la difusión de armas y centrales nucleares) y una prolongada inestabilidad general.

Aunque desagradable desde el punto de vista moral, la solución de este problema pasa por favorecer un recongelamiento parcial de la URSS de forma que, ralentizando los tiempos y los modos de los cambios, se obtenga una consolidación del sistema. La ayuda puesta a disposición de Gorbachov lo ha sido a fondo perdido (decenas de miles de millones de ecus en 1990) y ha provocado nuevos costes agravados para mayores riesgos. Centrar los recursos en una solución más equilibrada tendría un retorno mayor sobre el plano tanto de la seguridad como del mercado. Nuevos retrasos en la corrección de este error provocarían una crisis en todo el sistema europeo.

4. En cuanto a los países del Este (Hungría, Checoslovaquia y Polonia), la Comunidad ha cometido la equivocación de poner en práctica una política de ayudas fragmentadas sin ofrecerles una contribución de sistema.

El desarrollo en esta área -la democratización real- se habría acelerado considerablemente si la Comunidad le hubiera ofrecido a dichos países un plan de incorporación con vistas a 10 años, que contara con la ayuda de la propia Comunidad para la adecuación económica y de los procesos de organización social.

Esta garantía de un futuro cierto tendría un impacto enorme y positivo sobre la estabilización de un presente incierto. Serviría, entre otras cosas, para organizar mejor, y por tanto atraer en mayor medida, las inversiones extranjeras, así como para regular la forma ción de los nuevos sistemas políticos. La renuncia al pro pio poder de estabilización es un grave acto de incapacidad política por parte de la Comunidad que, si se mantiene, podría hacer mucho más costosa e incierta la estabilización del área oriental.

Estos errores son, en realidad, producto de una sola y gran equivocación: el proceso de construcción política de la Comunidad está orientado exclusivamente hacia adentro. Confiemos en que este fenómeno se deba tan sólo al hecho de que la Comunidad ha pasado en muy poco tiempo de una situación relativamente tranquila a una en la que parece encontrarse en el centro del planeta. Pero, precisamente por esto, debe abrirse en la prensa, en los hogares y en los escenarios políticos del continente renacido una discusión realista sobre cómo se gobierna el mundo.

es profesor de Escenarios Estratégicos en la Universidad Luiss de Roma.

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1. Respecto a la crisis del Golfo, los europeos (Reino Unido aparte) han tenido y tienen una posición ambigua de mínimo apoyo a Estados Unidos y de presión en pro de una solución negociada del conflicto. No son conscientes de dos cosas: la primera es que tan sólo la caída del régimen de Sadam Husein puede constituir la verdadera solución de la crisis; la segunda es que la. ausencia de una presencia estratégica fuerte de la Comunidad regalará a Estados Unidos (a través de la oportunidad de una garantía militar exclusiva en Oriente Próximo) el poder para establecer el precio del petróleo y los tributos para garantizar la seguridad de los ciclos de producción. Según transcurra, la crisis del Golfo se traducirá en un coste para Europa, así como en un límite de su poder de influencia en el mundo árabe y en el Mediterráneo.

En particular, los europeos parecen no haber entendido que, al permitir que Estados Unidos maneje en solitario esta crisis, le han concedido al propio Estados Unidos la oportunidad de transformar su potencial estratégico no utilizado en un recurso económico capaz de sostener una estructura imperial que estaba entrando en crisis. Asimismo, y éste es el mayor de los errores, la CE ha mostrado al mundo y a los norteamericanos que los países europeos prefieren pagar antes que asumir el riesgo de una responsabilidad estratégica adecuada a su poder económico. Un error de este tipo puede tener consecuencias catastróficas de alcance global.

2. En noviembre-diciembre de 1990, los países de la CE cometieron un gran error de naturaleza política en relación a las negociaciones del GATT (Ronda de Uruguay). La exigencia de Estados Unidos consistía en la reducción progresiva del proteccionismo europeo en general y del agrícola en particular. En cambio, dicho proteccionismo se ha mantenido en pie.

Recordando que los países europeos se han desarrollado en buena parte gracias a la apertura del mercado interno norteamericano, no se acaba de entender por qué motivo ahora los europeos deban bloquear procesos de mercado útiles a países que podrían competir en Europa y que tienen necesidad de hacerlo para desarrollarse o para sanar crisis de sectores productivos específicos. La apertura de un mercado -es decir, la renuncia al proteccionismo- es la mejor solución de los problemas planteados por el propio mercado. Europa renuncia a esta ventaja para defender los intereses asistenciales de sus agricultores y de otros productores. Pero, al actuar así, aparta a los productores, a la vez que burocratiza el capitalismo en su propia casa.

En este caso, el error consiste en no saber comportarse en términos de potencia mundial del mercado (como Japón, por otra parte) y decidir temas vitales como éste a la luz de intereses de sectores minoritarios frente al interés global. Esto constituye una equivocación, ya que bloquea el desarrollo del mercado por parte de quien posee la capacidad objetiva de organizar un gran mercado. Errores en este plano -que es el estructural- se pagan muy caros.

3. La decisión de apoyar a Mijaíl Gorbachov es quizá el error que tendrá consecuencias negativas más inmediatas para los europeos. El grupo de Gorbachov ha intentado llevar a cabo una modernización general de la Unión Soviética con el objetivo de ejercer el papel de una superpotencia dotada incluso de una economía desarrollada. En otras palabras, la acción de Gorbachov era y es un intento de mantener a la URSS como una gran potencia mundial a pesar del desastre estructural de su sistema de organización socioeconómica.

De hecho, el énfasis en este objetivo (por otra parte ya definido por Yuri Andrópov, padrino político de Gorbachov, a principios de los años ochenta) ha generado una metodología del cambio basada en las prisas, en las ilusiones y en las transformaciones a ciegas. De hecho, la URSS no puede simultáneamente convertirse en una sociedad civil y seguir siendo una gran potencia. Perseguir este objetivo tan sólo puede desembocar en la catástrofe de la disolución del sistema o en una restauración autoritaria: ambos desenlaces son peligrosos para Europa en cuanto causa de migraciones, conflictos (complicados por la difusión de armas y centrales nucleares) y una prolongada inestabilidad general.

Aunque desagradable desde el punto de vista moral, la solución de este problema pasa por favorecer un recongelamiento parcial de la URSS de forma que, ralentizando los tiempos y los modos de los cambios, se obtenga una consolidación del sistema. La ayuda puesta a disposición de Gorbachov lo ha sido a fondo perdido (decenas de miles de millones de ecus en 1990) y ha provocado nuevos costes agravados para mayores riesgos. Centrar los recursos en una solución más equilibrada tendría un retorno mayor sobre el plano tanto de la seguridad como del mercado. Nuevos retrasos en la corrección de este error provocarían una crisis en todo el sistema europeo.

4. En cuanto a los países del Este (Hungría, Checoslovaquia y Polonia), la Comunidad ha cometido la equivocación de poner en práctica una política de ayudas fragmentadas sin ofrecerles una contribución de sistema.

El desarrollo en esta área -la democratización real- se habría acelerado considerablemente si la Comunidad le hubiera ofrecido a dichos países un plan de incorporación con vistas a 10 años, que contara con la ayuda de la propia Comunidad para la adecuación económica y de los procesos de organización social.

Esta garantía de un futuro cierto tendría un impacto enorme y positivo sobre la estabilización de un presente incierto. Serviría, entre otras cosas, para organizar mejor, y por tanto atraer en mayor medida, las inversiones extranjeras, así como para regular la forma ción de los nuevos sistemas políticos. La renuncia al pro pio poder de estabilización es un grave acto de incapacidad política por parte de la Comunidad que, si se mantiene, podría hacer mucho más costosa e incierta la estabilización del área oriental.

Estos errores son, en realidad, producto de una sola y gran equivocación: el proceso de construcción política de la Comunidad está orientado exclusivamente hacia adentro. Confiemos en que este fenómeno se deba tan sólo al hecho de que la Comunidad ha pasado en muy poco tiempo de una situación relativamente tranquila a una en la que parece encontrarse en el centro del planeta. Pero, precisamente por esto, debe abrirse en la prensa, en los hogares y en los escenarios políticos del continente renacido una discusión realista sobre cómo se gobierna el mundo.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de enero de 1991

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El Pais

1991-1-14

14/1/1991

Cuatro errores de Europa

La Comunidad Europea no consigue hacer política exterior. En concreto, no consigue constituirse como sujeto de estabilidad en las relaciones internacionales, tanto en el plano económico como en el estratégico. Esta ausencia, así como la incapacidad política que la causa, constituye un factor de vulnerabilidad para todo el sistema mundial, teniendo en cuenta que éste ha dejado de estar regido por las potencias que en el pasado reciente le habían garantizado, para bien o para mal, el equilibrio. En el plano político causa preocupación el hecho de que la incapacidad de Europa está creando un vacío de poder capaz de poner en peligro el futuro de Occidente y por tanto de toda Europa. Estamos en estado de emergencia.En los últimos meses, la Comunidad Europea ha cometido cuatro errores de importancia histórica. Analicémoslos en sus puntos esenciales.

1. Respecto a la crisis del Golfo, los europeos (Reino Unido aparte) han tenido y tienen una posición ambigua de mínimo apoyo a Estados Unidos y de presión en pro de una solución negociada del conflicto. No son conscientes de dos cosas: la primera es que tan sólo la caída del régimen de Sadam Husein puede constituir la verdadera solución de la crisis; la segunda es que la. ausencia de una presencia estratégica fuerte de la Comunidad regalará a Estados Unidos (a través de la oportunidad de una garantía militar exclusiva en Oriente Próximo) el poder para establecer el precio del petróleo y los tributos para garantizar la seguridad de los ciclos de producción. Según transcurra, la crisis del Golfo se traducirá en un coste para Europa, así como en un límite de su poder de influencia en el mundo árabe y en el Mediterráneo.

En particular, los europeos parecen no haber entendido que, al permitir que Estados Unidos maneje en solitario esta crisis, le han concedido al propio Estados Unidos la oportunidad de transformar su potencial estratégico no utilizado en un recurso económico capaz de sostener una estructura imperial que estaba entrando en crisis. Asimismo, y éste es el mayor de los errores, la CE ha mostrado al mundo y a los norteamericanos que los países europeos prefieren pagar antes que asumir el riesgo de una responsabilidad estratégica adecuada a su poder económico. Un error de este tipo puede tener consecuencias catastróficas de alcance global.

2. En noviembre-diciembre de 1990, los países de la CE cometieron un gran error de naturaleza política en relación a las negociaciones del GATT (Ronda de Uruguay). La exigencia de Estados Unidos consistía en la reducción progresiva del proteccionismo europeo en general y del agrícola en particular. En cambio, dicho proteccionismo se ha mantenido en pie.

Recordando que los países europeos se han desarrollado en buena parte gracias a la apertura del mercado interno norteamericano, no se acaba de entender por qué motivo ahora los europeos deban bloquear procesos de mercado útiles a países que podrían competir en Europa y que tienen necesidad de hacerlo para desarrollarse o para sanar crisis de sectores productivos específicos. La apertura de un mercado -es decir, la renuncia al proteccionismo- es la mejor solución de los problemas planteados por el propio mercado. Europa renuncia a esta ventaja para defender los intereses asistenciales de sus agricultores y de otros productores. Pero, al actuar así, aparta a los productores, a la vez que burocratiza el capitalismo en su propia casa.

En este caso, el error consiste en no saber comportarse en términos de potencia mundial del mercado (como Japón, por otra parte) y decidir temas vitales como éste a la luz de intereses de sectores minoritarios frente al interés global. Esto constituye una equivocación, ya que bloquea el desarrollo del mercado por parte de quien posee la capacidad objetiva de organizar un gran mercado. Errores en este plano -que es el estructural- se pagan muy caros.

3. La decisión de apoyar a Mijaíl Gorbachov es quizá el error que tendrá consecuencias negativas más inmediatas para los europeos. El grupo de Gorbachov ha intentado llevar a cabo una modernización general de la Unión Soviética con el objetivo de ejercer el papel de una superpotencia dotada incluso de una economía desarrollada. En otras palabras, la acción de Gorbachov era y es un intento de mantener a la URSS como una gran potencia mundial a pesar del desastre estructural de su sistema de organización socioeconómica.

De hecho, el énfasis en este objetivo (por otra parte ya definido por Yuri Andrópov, padrino político de Gorbachov, a principios de los años ochenta) ha generado una metodología del cambio basada en las prisas, en las ilusiones y en las transformaciones a ciegas. De hecho, la URSS no puede simultáneamente convertirse en una sociedad civil y seguir siendo una gran potencia. Perseguir este objetivo tan sólo puede desembocar en la catástrofe de la disolución del sistema o en una restauración autoritaria: ambos desenlaces son peligrosos para Europa en cuanto causa de migraciones, conflictos (complicados por la difusión de armas y centrales nucleares) y una prolongada inestabilidad general.

Aunque desagradable desde el punto de vista moral, la solución de este problema pasa por favorecer un recongelamiento parcial de la URSS de forma que, ralentizando los tiempos y los modos de los cambios, se obtenga una consolidación del sistema. La ayuda puesta a disposición de Gorbachov lo ha sido a fondo perdido (decenas de miles de millones de ecus en 1990) y ha provocado nuevos costes agravados para mayores riesgos. Centrar los recursos en una solución más equilibrada tendría un retorno mayor sobre el plano tanto de la seguridad como del mercado. Nuevos retrasos en la corrección de este error provocarían una crisis en todo el sistema europeo.

4. En cuanto a los países del Este (Hungría, Checoslovaquia y Polonia), la Comunidad ha cometido la equivocación de poner en práctica una política de ayudas fragmentadas sin ofrecerles una contribución de sistema.

El desarrollo en esta área -la democratización real- se habría acelerado considerablemente si la Comunidad le hubiera ofrecido a dichos países un plan de incorporación con vistas a 10 años, que contara con la ayuda de la propia Comunidad para la adecuación económica y de los procesos de organización social.

Esta garantía de un futuro cierto tendría un impacto enorme y positivo sobre la estabilización de un presente incierto. Serviría, entre otras cosas, para organizar mejor, y por tanto atraer en mayor medida, las inversiones extranjeras, así como para regular la forma ción de los nuevos sistemas políticos. La renuncia al pro pio poder de estabilización es un grave acto de incapacidad política por parte de la Comunidad que, si se mantiene, podría hacer mucho más costosa e incierta la estabilización del área oriental.

Estos errores son, en realidad, producto de una sola y gran equivocación: el proceso de construcción política de la Comunidad está orientado exclusivamente hacia adentro. Confiemos en que este fenómeno se deba tan sólo al hecho de que la Comunidad ha pasado en muy poco tiempo de una situación relativamente tranquila a una en la que parece encontrarse en el centro del planeta. Pero, precisamente por esto, debe abrirse en la prensa, en los hogares y en los escenarios políticos del continente renacido una discusión realista sobre cómo se gobierna el mundo.

es profesor de Escenarios Estratégicos en la Universidad Luiss de Roma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de enero de 1991

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