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Carlo A. Pelanda
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El Pais

1990-8-3

3/8/1990

Tres prioridades para Europa

La confusión parece reinar en Europa. Más concretamente, existen dificultades para determinar cuáles son los problemas prioritarios y cuáles deben negociarse en primer lugar. Si seguimos avanzando por este camino podría estallar una crisis política europea capaz de dar al traste con la estabilidad de todo Occidente y de su mercado. A fin de conjurar esta posible crisis deberíamos fijarnos tres objetivos en el marco de los dos próximos años.1. La vieja OTAN está en crisis, bien por culpa del derrumbamiento del imperio soviético, bien por la tendencia acelerada de la Comunidad Europea hacia una configuración política propia y autónoma. En términos realistas, esta crisis significa el fin del imperio estadounidense. Norteamericanos y europeos están tratando de retrasar el punto crítico de la crisis imperial mediante la búsqueda de una configuración más blanda del régimen OTAN.

Esto es un error. No puede existir una OTAN ligera y redimensionada basada tan sólo en la función de defensa antisoviética en un momento en el que el potencia estratégico de la URS S, aunque intacto, ha dejado de ser políticamente coordinable y, por tanto, no creíble en términos de amenaza sistemática. Por otra parte, una OTAN ligera no constituiría una garantía creíble ni para los estadounidenses ni para los europeos occidentales, especialmente en la dimensión fundamental de la disuasión nuclear.

La vieja OTAN, por tanto, debe desaparecer para volver a ser construida sobre nuevas premisas de realismo político. La más importante de ellas la constituye el hecho de que la Comunidad deberá ir extendiendo a nivel planetario sus propias funciones de seguridad según vayan aumentando el coste y los problemas de la policía internacional. Esto significa que el sistema estratégico euroamericano puede ser reconstruido sobre la base de un interés objetivo común que reparta el peso de una acción de seguridad que abarque el planeta y el espacio. En términos reales, significa hacer que la OTAN pase, de ser una alianza defensiva de área, a ser una alianza global con un alto potencial ofensivo. Significa, por ejemplo, un sistema estratégico euroamericano capaz de, con medios proyectivos, bloquear un posible enfrentamiento nuclear o convencional entre potencias regionales, de proteger recursos vitales y p oblaciones amenazadas y, por último, de mantener la disuasión tradicional frente al potencial soviético (y capacidad de intervención en una eventual guerra civil en la URSS en un ambiente plagado de centrales y bombas -nucleares).La renegociación en términos proyectivos del régimen OTAN (que debe extenderse a Japón) es un objetivo prioritario para consolidar no sólo los pilares estratégicos sobre los que se asienta el mercado mundial, sino también para definir con claridad el desarrollo de la Comunidad en relación al socio estadounidense: a partir de ahora, en términos de igualdad.

2. El tema alemán debe ser analizado con más realismo. Es obvio que la Alemania unida, vista a la luz de su potencial económico, produce temor.Pero también es obvio que Alemania no puede ser contemplada a la luz de los lamentos posimperiales de las naciones más débiles y menos capaces o afortunadas. Sobre todo, Alemania no puede ser contemplada a la luz de los fantasmas del pasado, aunque sólo sea para que no renazcan como reacción.

¿Qué es lo que asusta realmente de la nueva Alemania? Desde un punto de vista realista, una sola cosa: el circuito de confianza informal que une al Gobierno, banca e industria en un único lenguaje estratégico nacional. Tan sólo Japón es capaz de exhibir una coordinación tal de los factores de su complejo poderío nacional.

Ésta es una dimensión escasamente evidente y estudiada en el caso alemán. Hoy por hoy, todavía parece natural que una estrategia económica pueda estar fuertemente nacionalizada gracias a un régimen cerrado y alemán de la propiedad de los mayores grupos financieros e industriales. Este precursor objetivo, el poder usar el mercado al margen de la lógica pura del mercado en sí (y esto es lo que nos da miedo de los alemanes), sólo puede regularse de una forma: sacando al mercado la propiedad de la banca y la industria alemanas para que los posibles compradores extranjeros puedan eventualmente adquirirla.

Naturalmente, sólo se puede intervenir sobre la posibilidad de tal opción, no sobre la sustancia, operando sobre las reglas de funcionamiento -Y sobre los accesos- del mercado de valores alemán. La Comunidad puede hacer mucho mediante la creación de reglas que favorezcan aún más el acceso internacional a los mercados regionales. Este discurso también es aplicable a los casos francés e italiano.

Desnacionalizar los mercados nacionales constituye una prioridad absoluta de la Comunidad Europea en su conjunto. En particular puede constituir una solución implícita y positiva al problema alemán y al temor que suscita. En síntesis: si Alemania te da miedo, cómprala. Hablando más en serio, toda la Comunidad tiene ante sí, como principal problema inmediato,el independizar el mercado de la lógica nacional.

3. El tema de la ayuda a la Unión Soviética debe encontrar una pronta solución. Ante todo debe determinarse cuál es el factor central en el que la ayuda signifique simultáneamente una ventaja económica real para el receptor y una capacidad de control igualmente real del régimen de asistencia. La ambigüedad al respecto es muy alta.

Se debe tomar una decisión inmediata sobre los modos de sistematizar la ayuda a la Unión Soviética de forma que los recursos se concentren en un objetivo útil tanto para los soviéticos como para los occidentales.

Este objetivo implica la fabricación de un engrudo que mantenga unido el mosaico soviético y garantice que la Unión Soviética constituye un sujeto de intercambios económicos fiable. La única acción que por el momento reúne tales características es la transformación del rublo en moneda convertible.

Esto se puede llevar a cabo mediante una operación de ingeniería internacional en la que todos los capitalizadores asuman una parte del peso para garantizar la convertibilidad. Esta operación histórica, hoy por hoy, es de tal escala que necesita del empeño de todo el potencial crediticio de Occidente.

Es algo prioritario y necesario, incluso si la convertibilidad debe ser una consecuencia y no una premisa, ya que se trata de permitir la supervivencia y desarrollar la economía de una potencia nuclear en crisis, esto es, de un objeto que impone violaciones artificiales de las reglas económicas. Retrasar durante mucho tiempo esta acción significa pagar todavía más después.

Las prioridades aquí reseñadas contienen implícitamente una crítica a la capacidad de los sistemas políticos que están conduciendo tanto el proceso de integración europea como el de la reconfiguración estratégica de Occidente.

Se trata de una crisis de la política que está sentando las bases de una crisis política.

Carlo Pelanda es profesor de Teoría de Escenarios Estratégicos en la Universidad Lluis de Roma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de agosto de 1990

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