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Carlo A. Pelanda
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El Pais

1988-5-19

19/5/1988

La renacionalización de los imperios

Estados Unidos y la Unión Soviética han sido incapaces de equilibrar, en cuanto superpotencias que son, los costes y 'beneficios de su actuar imperial. Por ello, y para no caer en un proceso de decadencia, ambos países dirigirán su vista hacia la Europa de 1992, que, en opinión del autor, debería acelerar la construcción de una dirección política única y no quedarse en una mera unión económica.
Tanto Estados Unidos como la Unión Soviética son incapaces de soportar por más tiempo el coste de mantenimiento de sus respectivos imperios y de su continua competencia estratégica.La posibilidad de funcionamiento de un sistema de potencia global reposa en dos requisitos fundamentales: la capacidad para equilibrar los gastos de la política militar con desarrollo de la economía civil y la capacidad para que la inversión de los recursos dedicados a su actuar como potencia mundial redunde en beneficios económicos. Ninguna de las dos superpotencias ha conseguido, hasta el momento, equilibrar costes y beneficios, siéndoles imposible, por tanto, seguir actuando como lo han hecho durante los últimos 40 años.


La economía interna de Estados Unidos está profundamente condicionada por el gasto militar. Parte de este gasto vuelve, en el ciclo de la compleja creación de la riqueza nacional, bajo la forma de desarrollo tecnológico y de política asistencial indirecta. Pero este retorno, no obstante, no basta para compensar los gastos provocando que el sistema se desequilibre estructuralmente y genere pérdidas.

Además, los recursos que Estados Unidos ha transferido a Europa no han redundado en beneficio de la economía nacional norteamericana. Al contrario, estos recursos han permitido a los países europeos (libres de gastos imperiales) competir eficazmente en el mercado estadounidense y multiplicar su potencial de penetración en el mercado internacional. Tanto europeos como japoneses pueden utilizar el mercado abierto de EE UU al tiempo que mantienen cerrado y protegido el suya. En resumen, las regiones del imperio son ahora más ricas que el propio corazón del mismo.

Para la URSS, el peso de esta política como potencia y de la competencia mundial es mucho mayor. Los enormes costes tanto del aparato militar como del mantenimiento de los países satélites se han visto, de hecho, amplificados por la ineficacia del sistema económico comunista.

Norteamericanos y soviéticos se enfrentan al mismo problema: reducir el coste de la carrera estratégica y obtener un beneficio económico de su poderío político militar, es decir, recibir un flujo de recursos de los países por ellos controlados hacia sus respectivas economías nacionales.

Empieza a decirse que los dos imperios están decayendo. Esto no es cierto por el momento. Entrarán en una fase de decadencia tan sólo si no consiguen resolver este problema.

Algunos acontecimientos recientes indican que ya ha comenzado el intento de reducir por común acuerdo el coste de la competición estratégica mundial. Por ejemplo, el tratado INF (para eliminar las armas nucleares de alcance intermedio) constituye un primer paso para contener el coste de sus respectivos sistemas nucleares. Los acuerdos que se están fraguando para la retirada cubana de Angola son un signo de colaboración para limitar los gastos militares.

Todo esto no es ni paz ni decadencia. Se denomina, más correctamente, renacionalización de los intereses políticos globales EE UU y la URSS no disponen ya de un proyecto para el mundo Comparten el problema de enriquecer sus respectivas economías nacionales tratando de transformar, de costes en recursos, su capacidad de ser una potencia mundial desde el punto de vista político-militar.

Reducción pactada

La reducción de los gastos estratégicos puede llevarse a cabo de forma pactada. Mucho más difícil es crear un flujo de retornos económicos desde las regiones de ambos imperios. Concretamente, es muy difícil que en este proceso pueda mantenerse el actual equilibrio internacional.

Tanto Estados Unidos como la Unión Soviética deben competir para obtener mayores beneficios del sistema económico de Europa occidental.

Para reequilibrar sus economías nacionales han de penetrar más profundamente en los mercados japoneses y europeos. Y lo cierto es que el primero tiende a permanecer impenetrable desde su cerrada estructura.

Por su parte, China, que en un período entre 20 y 30 años se convertirá en otro Japón, no da la impresión de que vaya a configurarse, a medio plazo, como un mercado sustitutivo suficiente para EE UU. En este sentido, Europa emerge como un mercado vital para Estados Unidos.

La URSS, para sobrevivir, ha de cambiar radicalmente su sistema económico transformando el régimen comunista en uno de tipo capitalista abierto, con el problema de mantener el actual sistema político. Para ello, la nueva Rusia necesitará del apoyo económico, financiero y tecnológico de Occidente. Dados sus vínculos estratégicos, es muy probable que la URSS intente apoyarse más en Europa occidental que en Estados Unidos, incluso porque en relación a Europa puede hacer un mejor uso. de su gran peso político-militar (por ejemplo, la cuestión de la reunificación alemana). En este sentido, Europa occidental aparece como clave en cuanto recurso imprescindible para la transformación de la URSS.

Europa occidental, a partir de 1992, comenzará a estructurarse como un gran mercado interior. Se creará una Europa de consumidores, pero no una Europa de ciudadanos. En otras palabras, existirá un sistema económico europeo de nuevo tipo, pero no un sistema político integrado.Ello significa que las nuevas tensiones intemas y externas que caracterizarán la Europa de los años noventa no serán administradas ni resueltas por una estructura política supranacional eficaz, sino por las naciones individuales a la luz de sus intereses nacionales apenas vinculados a una lógica comunitaria.

Una Europa económicamente más fuerte pero políticamente más dividida está llamada a convertirse en el centro del mundo como depositaria de los recursos útiles para la recapitalización de los dos imperios (un mercado intemo de más de 300 millones de consumidores con una alta capacidad de adquisición y un enorme potencial financiero).

Esta situación transformará los equilibrios políticos internacionales.

La nueva Rusia se convertirá en un polo de atracción económica para los países europeos. Pero el vuelco europeo hacia la URSS y los países del Este creará ten

siones políticas (y económicas) con Estados Unidos. En concreto, tanto los norteamericanos como los soviéticos intentarán utilizar su poder político-militar

para provocar comportamientos económicos ventajosos por parte de los europeos, jugando sobre todo con la división y competición entre los propios países europeos.

En realidad, los riesgos para Europa son múltiples y de diverso tipo: una nueva Yalta económica, entre EE UU y la URSS a costa de Europa; una guerra econórnica entre EE UU y Europa; una situación en la que la URSS obligue a los europeos a pagar un creciente peso económico a cambio de que se les garantice su seguridad estratégica; un enorme incremento de los gastos de defensa impuesto por los norteamericanos como condición para mantener viva la OTAN y el control estratégico occidental sobre el flujo de materias primas; una situación conflictiva entre los países europeos basada en la competencia económica intraeuropea y amplificada por presiones diferenciadas por parte de EE UU y la URSS sobre cada una de las naciones del viejo continente. A estos riesgos se vendrían a añadir otros a largo plazo. Por ejemplo, la conversión al capitalismo de la Unión Soviética puede transformar a este país en el mayor competidor económico de Europa occidental, provocando su decadencia estructural; la reacción interna a los cambios en la URSS puede provocar la restauración de un régimen militar-imperial mucho más agresivo que el actual.

La Europa de las naciones.

Hoy por hoy, es dificil valorar de forma precisa estos riesgos. Sin duda, emanan del hecho de que Europa no es una entidad autónoma e integrada desde el punto die vista político. Los europeos han de entender que el desarrollo de su potencial económico no puede separarse de su potencial político y estratégico. Han de comprender, sobre todo, que las condiciones internacionales que han permitido el desarrollo de la riqueza en Europa se han transformado: EE UU ya no puede garantizar la seguridad estratégica del viejo continente y, sobre todo, no podrá permanecer por más tiempo en la posición de acreedor.

El mantenimiento de la alianza entre EE UU y Europa será Posible tan sólo como una alianza entre pares. Pero para llegar a este punto Europa debe acelerar el proceso de construcción de una dirección política única de la Europa de las naciones, modificando la aproximación funciona¡ que crea una estructura de integración económica sin tocar, sustancialmente, el nivel político. Antes de la creación de un mercado interno europeo es necesario construir la asamblea constituyente europea y el acuerdo relativo entre las naciones.La nueva teoría política de Europa debe basarse en la idea de una Europa que vaya de Portugal a Siberia y que se convertirá nuevamente en el centro del gobierno del mundo. Los europeos de Occidente deben empezar a decidir ya si la nueva capital estará en el Este o en el Oeste.

Cedo Pelanda es director adjunto del Instituto de Sociología Internacional

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de mayo de 1988

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